sábado, 11 de junio de 2011

Lo que son las cosas

Salgo de casa y  al cerrar la puerta, pienso…, la de veces que habré hecho este gesto.  Cerrar la puerta, dar la luz, llamar al ascensor, terminar de vestirte, ponerte  el pendiente que te falta;  llegar al patio y hablar con la limpiadora. Pero no…, hoy no está la limpiadora. Hoy va a ser diferente.
Al salir del ascensor me encuentro con mi vecina de la puerta 34  en la rampa, cogida con toda su fuerza al pasamanos apoyando su hombro  sobre el interruptor de la luz, quedándose  enganchado con  un  ruido  ensordecedor,   con las piernas dobladas, casi arrodillada , temblando y llorando.
Mi vecina de la puerta 34, doña Celia,  viuda de militar, maestra jubilada,   bien parecida, siempre  muy encopetada, asidua  a  la parroquia  pero no muy dada a la caridad,  y muy   arrogante y altiva.  Esa vecina que  te  cuenta con todo lujo de detalles cuando hace algún  viaje . Que si ha venido de china y se va a Jordania…que si el año pasado estuvo en  la India y el año anterior en Sebastopol… Tú  la escuchas, por educación y porque es tu vecina.
Pues bien. Esa vecina, hace unos meses,   increpó a mi hijo y a 2 amigos,  ( uno de ellos vive en la misma  finca,  2 pisos  más  abajo) en muy mal tono,  porque estaban  sentados  hablando  y riendo en el rellano del patio. Preguntándoles,  en muy mal tono, - qué hacían allí?- A lo que los chicos  le respondieron- estamos hablando, le recordamos que también  vivimos aquí-, seguramente, con el mismo mal tono con se había hecho la pregunta, cosa por otro lado normal, puesto que son chicos de 15 años que se han sentido humillados . - Si, ya sé que vivís aquí pero,  este lugar es zona común y gastáis luz que también la tengo que pagar yo-. –para hablar os vais a la calle.- En la calle hace frío, señora-;  Y  aprovechando la lista de humillaciones, les preguntó que- por cierto,  a ver qué tipo de gente metéis aquí que ya he visto varias veces que un negrito entra con vosotros y alguna vez llama al timbre-. Supongo que la respuesta sería: Ese negrito se llama Hugo y es nuestro amigo además de que a Vd. , ¿qué le importa? . A lo que la señora ,  se  sintió ofendida  llamándoles ,  maleducados- hablaré con vuestras madres-. 
Cuando mi hijo llega a casa,  me lo cuenta. Y ante tal  barbaridad , me enervo  y me subo por las paredes. Me sienta muy mal por varias  razones;  primera;  porque parece que a los adolescentes se les persigue  por el simple hecho de ser adolescentes,  pero la razón más importante,  aparte de que  es  una vecina de mi mismo rellano  es  porque ¡ ha sido maestra!, y debería saber que es un lujo  con esa edad , que  estén hablando en el rellano en lugar de estar tirando piedras a las farolas,   y  las palabras – estáis gastando  luz y la tengo que pagar yo-, me parecen de tan poca sensibilidad, que no me  lo podía creer. Una  señora que ¡ ha sido maestra!( pobres alumnos).
 Varios días estuve  preparando lo que tenía que decir cuando me encontrara con ella, incluso la rehuía,  hasta que  me di cuenta que la única que sufría  con esos pensamientos ,( que no se me iban de la cabeza, por cierto)era  yo. Y lo olvidé.  Eso sí en el rellano,  si  coincidíamos ,  buenas y adiós .  
Hasta hoy...
Al verla en ese mismo patio,(  gastando luz común, a mí, no me ha importado.)- No te preocupes , Celia,- le he dicho- , ¿qué ha pasado? apóyate  en mí y te subo a casa- . En el ascensor, me contó  que hace un mes le dio un ictus quedándole medio cuerpo paralizado y ahora  venía de rehabilitación. El señor de la ambulancia la había dejado en la puerta a la espera que bajara a buscarla su hijo, pero nadie bajó. Se abrazó a  mí y lloro, y yo,  lloré con ella. Y al llegar a la puerta de su casa dijo- ¿Y los chicos?. No se si porque le asaltó el arrepentimiento y quería calmar su conciencia. A lo que yo respondí, como si nada hubiera pasado,Ah… bien, muchas gracias.